3 de julio de 2006
Rehabilitación y reinserción social
A propósito del aumento las cifras concretas de delincuencia en
nuestro país, recientemente se han planteado otros problemas
asociados que afectan nuestra frágil seguridad ciudadana. Se
trata de la reincidencia de delitos graves y el quebrantamiento
de la libertad condicional de quienes los cometen. La situación
es grave y está respaldada por estudios que hace un par de años
indicaban que el 60% de los condenados que sale libre tras cumplir sus penas, reincide. Sin embargo, esto no hace más que reafirmar un hecho más que conocido: las cárceles chilenas no cumplen con una de sus misiones, cual es rehabilitar a sus pobladores.
La realidad carcelaria del país, con una población de más de
39 mil reclusos, registra una tasa de crecimiento anual promedio
de 7,3% desde 1995. Se estima que con ese mismo ritmo, más temprano que tarde se podría llegar al nivel de Estados Unidos o la Federación Rusa, con más de 600 reos por cada 100 mil habitantes.
Por lo mismo, resulta cuerdo pensar que los problemas de hacinamiento no se van a resolver con los nuevos penales concesionados.
Con la dinámica de 1.600 condenados más anualmente, esa capacidad extra quedará ocupada antes de lo esperado. Y para qué hablar de la delincuencia: ésta no será doblegada sino hasta superar la cesantía, mejorar la educación y ampliar las oportunidades, potenciar la prevención de las drogas y generar un modelo carcelario adecuado, que contemple políticas efectivas de rehabilitación.
El objeto de estas políticas es permitir que la persona, al cumplir su pena, realmente pueda volver al mundo libre sin problemas.
Hay quienes afirman que los delincuentes son producto de la
sociedad y ésta misma tiene que asumir su responsabilidad, acogiéndolos y dándoles una segunda oportunidad, pero eso no será posible mientras las cárceles sigan siendo escuela del delito.
Si queremos una sociedad mejor, hay que comenzar por buscar una
solución de fondo a estos temas. Hay que aplicar mano dura contra la delincuencia, pero a esos mismos delincuentes hay que mostrarles que existen otras alternativas. De lo contrario, tal como se ha demostrado, lo más esperable es que vuelvan a cometer delitos.
La rehabilitación efectiva y la reinserción social son la única
manera de terminar con el círculo vicioso de la delincuencia.
Diputado Francisco Chahuán
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