9 de noviembre de 2006
Antenas de telefonía celular
El martes recién pasado, dos grupos de pobladores se organizaron en distintos sectores de Viña del Mar para protestar. Los unía el mismo problema: la instalación de antenas de telefonía celular en sus barrios. En ese contexto, concurrí a Reñaca Alto y Recreo para adherir a los reclamos de una ciudadanía que hoy sigue atada de manos para enfrentar un tema que genera impotencia e indignación.
No es para menos. A pesar que no existe certeza de la inocuidad de estos aparatos para la salud humana y que indudablemente afean el entorno, se estima que ya son 120 las antenas que se han levantado en Viña del Mar, 40 de las cuales están emplazadas sólo en Nueva Aurora. Y la cifra amenaza con aumentar.
En julio de este año visité al ministro de Transportes y Telecomunicaciones para hacerle ver este problema que afecta cientos de vecinos. Fruto de la reunión sostenida con el Secretario de Estado en Santiago, surgió su compromiso de fiscalizar, ordenar la situación de las antenas en el futuro y de pedir a la Presidenta otorgue urgencia al proyecto de ley, presentado en 2002, que somete la instalación de las antenas al sistema de evaluación de impacto ambiental, a través de un estudio que permita intervenir en la calificación del proyecto a los vecinos directamente afectados, cosa que hoy no sucede.
En otro tema, pero en la misma línea, pedí al Ministro su especial apoyo al proyecto de ley que presenté con el objeto que todos los aparatos de telefonía celular indiquen claramente los índices de contaminación electromagnética que emiten, para que los usuarios conozcan los riesgos a los que se exponen con su uso. Ambas iniciativas, enmarcadas en la necesidad de resguardar la salud de las personas, siguen esperando.
Hay que abordar este problema a la brevedad. Los sectores más modestos no pueden seguir siendo blanco de estos aparatos; porque claro, no se instalan en cualquier parte. Y hay que someterlas a mantención, cosa que hoy no está sucediendo. Asimismo, hay que detener situaciones irregulares, como la sucedida en el Paradero 9 de Reñaca Alto, donde al momento de ser emplazada la estructura, no se disponía de todos los antecedentes del expediente en el municipio.
Aunque nadie quiere vertederos, cárceles ni antenas cerca de sus casas, debemos convenir en que son inevitables, en cuanto elementos inherentes a la vida moderna. El tema es cómo hacemos para cubrir esas necesidades perjudicando a los menos posibles y que los afectados no sean los mismos siempre. Lo cierto es que no podemos "cargarle la mano" demasiado a ciertos sectores de la ciudad y que no se puede actuar sobre la base de hechos consumados.
Diputado Francisco Chahuán
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