15 de mayo de 2006
No es casualidad que recientemente hayamos celebrado el Día Mundial del Libro. Diversos organismos internacionales, como la Unesco, la Cepal y el BID, coinciden en que la educación y la lectura constituyen pilares estratégicos del desarrollo de las naciones y, por consiguiente, amplían las posibilidades de las personas de aspirar a una vida mejor.
Se ha precisado, eso sí, que el concepto de capacidad lectora es mucho más amplio que la noción tradicional de leer y escribir, pues involucra la habilidad de comprender e interpretar textos, darles sentido y reflexionar en torno a ellos, para desarrollar el conocimiento, el potencial personal y participar en la sociedad.
Esto hace urgente la adopción de medidas para revertir los malos hábitos lectores de los chilenos y convierte a la liberación del IVA a los libros –o una tasa impositiva diferenciada- en un primer paso para lograrlo.
La Encuesta de Consumo Cultural y Uso del Tiempo Libre, realizada por el INE en 2005, reveló que el 60% de los chilenos declaran no haber leído un libro en los últimos 12 meses y que la mitad de los hogares posee menos de 10 libros. Dichos resultados están muy por debajo de lo que ocurre en países como Francia, Inglaterra o Corea, donde más del 70% de sus habitantes lee al menos un libro al año y el promedio de lectura por persona es cercano a 10 volúmenes anuales.
Este déficit está afectando gravemente el lenguaje y la comprensión lectora de nuestra población, lo que se refleja en sucesivos estudios.
Uno de los factores por los cuales la población chilena no lee o lee muy poco es por la dificultad de acceder a libros, por lo que la liberación del IVA debiera contribuir a promover esta actividad en la población.
La experiencia comparada revela la existencia de políticas de fomento de la lectura, principalmente a través de medidas impositivas. Por ejemplo, gran parte de las naciones desarrolladas tienen IVA diferenciado para los libros, estando también los países que no lo aplican, como Inglaterra, Corea, Rusia, Irlanda, México, Uruguay, Brasil y Argentina.
De cualquier manera, esta medida debiera ser sólo una de las contenidas en un Plan Integral de Fomento de la Lectura. La adquisición y consolidación del hábito lector debe ser un objetivo prioritario de la política educativa chilena.
Es en ese sentido que también me tomo la libertad de hacer un llamado al Ministerio de Educación a resaltar el carácter estratégico de la lectura en la sociedad moderna. Durante mucho tiempo, el objetivo educativo básico ha sido avanzar en la escolarización de toda la población.
El reto siguiente es conseguir que todos los alumnos reciban una educación de calidad. Para eso, sin embargo, es fundamental que potenciemos, desarrollemos y consolidemos el hábito lector.
Diputado Francisco Chahuán
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