27 de febrero de 2006
Transparencia y democracia
Se ha dicho que no existe mejor policía que el alumbrado público, ni mejor desinfectante que la luz solar. La idea es aplicable a la transparencia en el aparato estatal, porque nada disuade más la comisión de una irregularidad que la expectativa de quedar expuesto al escrutinio y control de la sociedad. Pocas sanciones resultan más severas que las que impone el juicio categórico de una comunidad informada e intolerante a la corrupción. La corrupción nace y se nutre en la oscuridad.
La ética debe ser el patrón de conducta de todo servidor público y la transparencia ayuda a eliminar las atenuantes que la propia conciencia podría interponer en defensa de los propios actos, convirtiendo en contralores a los propios ciudadanos. Por eso se la entiende como un elemento profundamente democrático: quienes ejercemos -y ejerceremos, en mi caso- funciones públicas somos primero servidores que autoridades, y los ciudadanos son antes mandantes y titulares de derechos, que subordinados pasivos e indolentes.
Es por eso que Renovación Nacional ha conformado un equipo de expertos que se dedicará exclusivamente a materias de fiscalización y a velar por la transparencia de la información pública, de manera de reforzar nuestra tarea parlamentaria en el marco de un gobierno que, siendo ya demasiado presidencialista, tendrá mayoría en ambas Cámaras. Hoy, cuando el quehacer de algunas de nuestras autoridades se ha visto cuestionado, es preciso que éstas respondan como lo haría cualquier otro ciudadano, de manera de transparentar los hechos en pro del fortalecimiento de las instituciones y la confianza públicas. Ésa, sin embargo, no fue la actitud de los diputados oficialistas en la Cámara Baja para abordar el caso MOP Gate, al negarse sistemáticamente a indagar en sus aristas.
Es verdad que lo legal no siempre coincide con lo ético. Sin embargo, creo que debiéramos aspirar a homologar ambos conceptos. Cuando aceptamos actitudes poco éticas amparándonos en su legalidad, debilitamos la imagen de las instituciones y abrimos espacios para la corrupción. Asimismo, con ello transformamos las leyes en meras sugerencias cuya aplicabilidad depende de juicios de valor variables.
La transparencia de la función pública requiere de una cultura y actitud en gobernantes y gobernados que la favorezca e impulse, de manera de contribuir al logro de una democracia más madura y sólida.
Diputado Francisco Chahuán
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