1 de marzo de 2007
Siempre se ha dicho que hay países alegres y países tristes. De los tristes, fueron ejemplos la Rusia soviética de antes de Gorbachov (presentada en los medios como una capital nevada y nublada) o la Rumania de Ceacescu. Entre los alegres, junto con varios sudamericanos, españoles e italianos, hasta hace poco figurábamos nosotros, buenos para reírnos, para celebrar y entregados a la pasión del fútbol.
Pero eso cambió. Si bien ya se había advertido de los altos índices de depresión en la población, un reciente estudio reveló que Chile se ubica en el penúltimo lugar de felicidad entre seis países del cono sur, siendo superado sólo por Perú. De acuerdo al ranking, Venezuela se alzó como la nación más feliz, con un 83% de personas que declaran sentirse así. El estudio, realizado por la empresa Cimagroup, midió el nivel de felicidad y los factores que influyen en ella en Chile, Perú Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela, mostrando que ésta no tiene relación con la riqueza o nivel de desarrollo económico de una nación.
De esto se puede concluir que, definitivamente, el dinero no hace la felicidad; y que el desarrollo económico, tampoco. Más importante es el nivel de desigualdad entre los países: en general los países con mejor distribución del ingreso serían más felices que los países con mucha desigualdad. Los resultados también muestran que las personas que viven en las ciudades con clima más cálido son más contentas que las que viven en las ciudades de clima frío y que, al fin de cuentas, la satisfacción con la vida familiar es el factor que mejor explica por qué una persona es más feliz que otra.
Hoy tres cuartas partes de la población chilena gasta, mes a mes, más o igual que lo que gana. El 24% termina el mes con números azules, es decir, sólo 1 de cada cuatro chilenos está en condiciones de ahorrar parte de su sueldo, pese a que la recomendación es guardar, a lo menos, el 10% de los ingresos. El 24% de los chilenos tiene depresión y la mitad de las enfermedades mentales en la V Región corresponde a ese terrible estado anímico que es capaz de invalidad a una persona. En las mujeres, la depresión es la segunda causa de discapacidad, después del cáncer. Si a esto sumamos el stress, la fatiga crónica, la violencia intrafamiliar y la delincuencia, entre tantos otros aspectos que inciden en la calidad de vida y que hoy afectan tanto a adultos como a niños y jóvenes, queda claro por qué dejamos de ser el país que fuimos.
Diputado Francisco Chahuán
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