20 de junio de 2007
La promesa de una atención de salud digna para todas las personas es un eje infaltable de cualquier discurso oficial. Se apela a ésta como un derecho humano consagrado constitucionalmente y se recuerdan las inversiones que se han hecho en el sector. Sin embargo, pese a todo, hoy no se puede hablar de avances sustanciales al respecto. Basta ver que las colas y las listas de espera siguen existiendo y que muchos chilenos y chilenas no son atendidos con la oportunidad y calidad que se les asegura periódicamente.
El Hospital de Talca es un caso emblemático de lo que no queremos para Chile. Ahí se esperó la ocurrencia de demasiados fatalidades y negligencias para, sólo entonces, tomar medidas de fondo. En dicho centro asistencial –la única opción de miles de chilenos del Maule- ocurrió el lamentable cambio de bebés que el año pasado conmovió al país y que casi se repite, si no fuera porque en la segunda oportunidad alguien advirtió el error.
Además, entre enero y febrero de 2001, ahí murieron cinco recién nacidos intoxicados con bacteria en el alimento, contaminado en el recinto. El 2005, un médico decapitó a un bebé extraído con fórceps y el año pasado a una mujer le fue diagnosticado VIH, sin tenerlo. Sin embargo, tuvieron que seguir sumándose desgracias hasta que, finalmente, la muerte de un bebé a causa de la bacteria Serratia terminaron por convencer a las autoridades que se requería una intervención urgente.
Hoy el sistema público ha sido ampliamente sobrepasado, hay una mala distribución de los recursos humanos, no existe igualdad de oportunidades de acceso ni en la cobertura de prestaciones y las brechas con el ámbito privado son evidentes. Basta recordar la reciente denuncia del Colegio Médico, que describió el colapso de la Posta Central, en Santiago. Aquí, en nuestra región, la cosa no es muy distinta.
Es por eso que durante las sesiones especiales de la Cámara de Diputados para analizar el déficit de infraestructura y equipamiento en los hospitales y la que abordó las listas de espera y déficit de especialistas en regiones, me preocupé de plantear a los Ministros de Hacienda y Salud la necesidad de recursos, dada la situación que atraviesa el SS Viña del Mar-Quillota y particularmente el Hospital Gustavo Fricke.
Sucede que en nuestro Servicio, el per cápita -vale decir, los fondos asignados en proporción a la cantidad de habitantes- está 10 puntos por debajo de la media nacional, que es de 73 mil pesos anuales. Eso implica que los cerca de 950 mil potenciales usuarios del sistema disponen de alrededor de 42 mil pesos para acceder a salud, lo que es a todas luces insuficiente.
Por lo demás, en el Hospital Gustavo Fricke hay déficit de camas críticas y de funcionarios -en relación a los potenciales usuarios- lo que se suma a la ausencia de especialistas, tales como otorrino-laringólogos. Todo esto hace urgente acelerar el proyecto de normalización, que sin lugar a dudas va a suplir la falta de infraestructura que tiene el recinto, construido en década del 50. Porque, si bien valoro que se haya subsanado el déficit económico que arrastraba -gracias a la buena gestión de su director, el doctor Leonardo Caimi- todavía existe un déficit sanitario, o sea, listas de espera.
El mejoramiento de la Salud pasa básicamente por aumentar el presupuesto para el sector, pero enfatizando la descentralización de los recursos y la eficiencia en la gestión. La salud pública es una cuestión prioritaria y los chilenos y chilenas no pueden seguir esperando. Menos, si como todos sabemos, los recursos están. Eso denota una insensibilidad que es sencillamente impresentable.
Diputado Francisco Chahuán
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