17 de junio de 2008
Un gobierno debe transitar por dos estrategias básicas de vinculación; una que consiste en dar respuesta a las necesidades y solicitudes de los distintos sectores, de manera reactiva, adecuándose a estas solicitudes y requerimientos; y otra que consiste en utilizar su capacidad visionaria para adelantarse a estas necesidades y solicitudes y proponer avances e innovaciones para prever problemas y necesidades futuras, de manera proactiva o anticipatoria.
Lo cierto es que esto último claramente ha fallado en Chile. Las diversas movilizaciones y manifestaciones ciudadanas en contra de una serie de situaciones ocurridas en distintos ámbitos de la vida nacional nos demuestran que las decisiones a menudo son reacciones a determinadas urgencias que no se han sabido detectar con oportunidad, eventualidad que hubiera permitido manejarlas mejor.
En gran parte, esto permite comprender el conflicto que existe entre la generación de expectativas y las medidas reales adoptadas. No es casualidad que durante las últimas administraciones hayamos podido apreciar una sucesión de conflictos que no terminan de resolverse. A fin de cuentas, las agendas públicas han sido determinadas, mucho más por los problemas emergentes, que por un análisis concienzudo y estratégico de los asuntos que debemos enfrentar.
Esto atenta al diseño de país que queremos construir. Por lo mismo, hace algún tiempo, junto a los diputados Álvaro Escobar, Marco Enríquez-Ominami y Esteban Valenzuela, presentamos una propuesta para crear lo que denominamos la Comisión Especial para el Futuro y Desarrollo Sustentable. Tenemos que elaborar estrategias de largo plazo para aprovechar oportunidades de desarrollo y ser capaces de anticiparnos a las amenazas y desafíos que se vienen. Es hora de abordar los temas estratégicos para Chile en el largo plazo, promoviendo, fomentando y apoyando la innovación en el más amplio sentido del término, dejando en un segundo plano la política mediatizada que hoy impera. Tenemos que pensar cómo queremos ser en 20 ó 30 años.
Hoy tenemos varios ejemplos de lo mal que se han hecho las cosas. La crisis estudiantil, que en una primera etapa concluyó con un acuerdo entre representantes de la Alianza y el gobierno alzando las manos y una Presidenta asegurando que cumpliría la palabra empeñada, finalmente quedó en nada. La disminución del impuesto específico a los combustibles, pudiendo ser un anuncio el 21 mayo pasado, terminó siendo una reacción producto de presión de transportistas. En fin, ejemplos hay muchos.
Debemos crear una agenda prospectiva, que nos permita soñar nuestro país. La Presidenta cuenta con todo nuestro respaldo para focalizar estos temas en la etapa final de su mandato. Nadie quiere que éste sea el año del “pato cojo”, concepto que caricaturiza el último año de un gobierno, por su pérdida de poder frente al protagonismo de las candidaturas presidenciales. Lo cierto es que hoy las cojeras se ven sobre todo en los parlamentarios de la propia Concertación, donde impera mucho más la máxima del “sálvese quien pueda” que el espíritu de colaboración y participación.
Eso, que hace peligrar el desarrollo del país, no lo queremos. El entonces Ministro Aninat se proyectó una vez hacia el Bicentenario; después, el Presidente Lagos miró hacia el 2012 y ahora se habla del 2020. Esto ocurre sólo porque no hemos sido capaces de pensar con perspectiva y de plantearnos metas ambiciosas, como lo hizo Perú, como lo están haciendo otros. Cuando nos sentemos a discutir con voluntad sobre políticas de largo plazo podremos construir los acuerdos fundamentales para encaminar a Chile hacia un progreso dinámico y más igualitario.
Diputado Francisco Chahuán
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